Hoy querría comentar.
Hoy querría comentar. Lo dura y costosa que se puede convertir nuestra rehabilitación, como personas con dependencia al alcohol, de principio, tenemos una lucha constante con la necesidad de, aunque solo sea un poquito, poder volver a beber, cosa totalmente prohibida por sus consecuencias, el incumplimiento de esta regla es tener que empezar de cero, todo el camino andado se vuelve a desmoronar, sabemos más que de sobras, que la dependencia hurga, reclama y provoca a todas horas, sitios y situaciones, pedirá y recordará todos los buenos momentos, pues el lóbulo del cerebro que contiene el reconocimiento de recompensa te lo pedirá y activará tu organismo creándote esa típica ansiedad o malestar, típica de las personas alcohólicas.
En principio.
Cuando nos ponemos en disposición de tomar la cosa en serio, al tiempo, parece ser que pedimos un gesto de reconocimiento por lo que estamos haciendo, no esperemos mucho, pues hemos causado más perjuicio que beneficio y los perjudicados pueden perdonar, pero no olvidar.

Otras solicitamos.
Que sean comprensivos y solidaricen nuestra abstinencia con ellos mismos, no bebiendo, pensemos cuando nosotros estábamos en activo, éramos solidarios o egoístas, las dos cosas pensemos que el problema lo tenemos nosotros y somos quien lo tiene que solucionar, tendremos que demostrar para recoger esa confianza perdida, el decir, no bebo, con nosotros no ha sido tarea fácil, de ahí ese miedo a no creer, y como todo, el tiempo te dará lo que pides a veces más.
En cuanto a la familia.
Es bueno hacer de esta enfermedad una normalidad, comentar los cambios en tu pensar, tus maneras de actuar, los proyectos tus preocupaciones, en una palabra, todos tus sentimientos, tanto los buenos como los malos, escucha también los errores que cometiste, algunos te traerán malos recuerdos, esto es una rehabilitación y en todas las curas se hace sufrir alguna vez ya que, si esto no ocurre, algo se está haciendo mal o no te importa nada.
Tengo un buen amigo que dice, que esta enfermedad es una de las más agradecidas, dejas de beber y se controla, en eso le doy la razón.
Hay algunas.
Cáncer, y parece que te están presentando a la muerte, otras son más amables pero agotadoras, diabetes, pero todas crónicas hasta la muerte, también el alcoholismo, pero a diferencia de otras esta te deja vivir como quieras.
Yo comprendo que es costoso enderezar esta vida que hemos torcido vaso a vaso, trago tras trago, escapando de nuestras miserias, para hacer un paraíso inventado por nuestras desinhibiciones, gentes que se han creado como personajes de auténtica ciencia ficción, hemos sido por instantes lo que no teníamos que ser, muchas veces sin razón y al amparo de otra copa, con arrepentimiento después de la borrachera, si te arrepientes de lo que haces, porque lo haces, porque en el fondo no te crees que tu problema se llama ALCOHOLISMO.
Os aconsejamos la lectura de este libro si pertenecéis a una asociación o fundación de ayuda

Un comentario de pequeñas historias de alcoholismo.
Impactante. Pues escribo ya lo que opino, porque me lo he leído de tirón. Pequeñas historias, algunas de ellas conmovedoras, otras intensas, otras increíbles, pero todas ellas con un nexo común. Una vivencia en primera persona de los sentimientos, circunstancias y con una óptica más explicativa que escusante. Me parece de lectura obligada para la concienciación de que esto es muy habitual y que cuanto más informado se esté, mejor. Sobre todo te deja muy claro hasta donde se puede llegar, prácticamente sin darte cuenta.


Las personas que quieren al alcohólico y sufren las heridas que va dejando el enfermo también enferman. La soledad, la ansiedad, la impotencia ante los continuos fracasos de «tu» enfermo te hacen enfermar y, a veces, renunciar. El enfermo es libre de escoger, el familiar también. Los dos necesitan ayuda y respeto ante su decisión.